
En términos simples, la eficiencia es la capacidad de utilizar la menor cantidad de recursos necesarios para alcanzar un objetivo, mientras que la eficacia es la capacidad de lograr los objetivos que nos proponemos. Una se mide en “ahorro” y la otra en “confiabilidad”, pero ambas son caras de la misma moneda: los logros. Algunos puntos para potenciarlas:
- Organízate: si quieres llegar a algún lugar, primero decide a dónde quieres ir. Visualiza tu día, anota tus pendientes y evalúa la carga que te trazas: el exceso genera estrés y pérdida de foco; la falta, ocio y dispersión.
- Prioriza y administra el valor de tu tiempo: da a cada actividad el lugar que le corresponde y considera que no tienes la misma energía durante todo el día.
- Divide los proyectos mayores en actividades pequeñas y “cumplibles”: te dará foco, te permitirá medir tu productividad y, si no terminas en el tiempo previsto, vuelve a agendarlo.
Tus principales recursos son tu energía y tu tiempo. En la medida en que aproveches mejor tu tiempo serás más eficiente, y al emplear tu energía sacándole el mayor provecho serás más eficaz.

