
Pedro trabajaba en una empresa hacía dos años, nunca había sido amonestado y cumplía su trabajo con normalidad. Cierto día buscó al gerente para hacerle un reclamo: “Señor, trabajo en la empresa hace dos años, pero siento que usted me ha dejado de lado. Mi compañero ingresó hace sólo seis meses y ha sido promovido a supervisor”.
El gerente le pidió antes un favor: averiguar en la tienda de enfrente si tenían frutas frescas para el almuerzo del personal. Pedro volvió en cinco minutos: “Sí señor, tienen naranjas”. No había preguntado el precio, ni si alcanzaban para todos, ni si había otra fruta que pudiera sustituirlas.
El gerente le encargó lo mismo a Fernando, el compañero de Pedro, quien a los diez minutos regresó: “Tienen naranjas suficientes para todo el personal; si prefiere, en media hora llegan melones y mangos. Aquí tiene la lista de precios de cada fruta y, si compramos por cantidad, nos darán un descuento. Dejé separadas las naranjas, pero si escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido”. Entonces el gerente se dirigió a Pedro: “Disculpa, ¿en qué estábamos?”. “En nada, señor. Con su permiso”.
Este relato nos recuerda que hay muchas personas que se conforman con hacer el mínimo que se les pide, sin atreverse a ir más allá con la intención de aportar y mostrar excelencia y pasión en su trabajo.
El mundo se ha contagiado de una enfermedad llamada mediocridad: queremos tenerlo todo sin hacer esfuerzo alguno, y además rápido, fácil y sin riesgo. Tenemos que recuperar la conciencia de que sólo a través del esfuerzo (trabajo y voluntad) podemos alcanzar las metas, cualesquiera que ellas sean.
El fracaso tiene mil excusas y el éxito no requiere explicación. Aprendamos a ver una oportunidad donde antes sólo veíamos un problema. Pensemos: “Es difícil, pero se puede hacer”, y no: “Se podría hacer, pero es muy difícil”. Entrega siempre lo mejor de ti, sin límites y con entusiasmo.
No seas parte de esa mayoría que siempre busca el camino fácil, el atajo o la llamada de la suerte; en un universo donde nada es gratis y todo obedece a una ley de merecimiento, quienes esperan que así sea se encontrarán perdidos para siempre.
Huye de la mediocridad y aspira a una vida más digna y feliz.

